Darvulia, la bruja, jugaba.


Darvulia, la bruja, jugaba. Porque juega es por lo que la verdadera bruja sigue siendo bruja, a través de las edades de más allá del tiempo. Sabe que nada puede separarla de las fuerzas que maneja aquí abajo, pues por doquier toda vida no se crea sino con estas mismas fuerzas. Como los creyentes que mueren confiándose al gran río de su Dios, la bruja va a la elemental deriva y no intenta saber dónde. Al veneno de la planta, al aullido del lobo o entre los elementos que entran en la combinación del astro nefasto de una criatura por venir, qué más da dónde vayan sus cenizas; ¡adónde van a ir sino al gran seno que velan las estrellas, al lugar del eterno volver a empezar!

Los brujos no desean salvarse en el espíritu puro. Lo temen: para ellos supone la muerte real. Lo que quieren es seguir girando en el espíritu de las cosas, apoderarse de él y modelarlo, mucho antes de que los humanos puedan darlas por irrevocablemente establecidas.

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